Has comprado una botella excepcional en Vinos de la Rivera, tienes las copas listas y la cena a punto. Pero de repente te asalta la duda: ¿debería decantar este vino? Vemos a los sumilleres en los restaurantes usar esos elegantes recipientes de cristal y parece magia, pero hacerlo mal puede arruinar por completo una buena botella. Quédate y te contamos. Y recuerda que, antes de decantar, el vino debe estar a los grados correctos. No te pierdas nuestra guía sobre la temperatura ideal del vino. ¿Cuándo y cómo decantar un vino?
En esta guía, vamos a desmitificar el uso del decantador. Te explicaremos exactamente cuándo debes usarlo, cuándo es mejor servir directamente de la botella y cuál es la técnica correcta para que tus vinos expresen todo su potencial.
¿Qué significa realmente decantar un vino?
A menudo usamos las palabras ‘decantar’ y ‘airear’ (o jarrear) como sinónimos, pero en el mundo del vino sirven para propósitos completamente diferentes, aunque ambos usen el mismo recipiente.
- Decantar: Consiste en separar el líquido de los sedimentos sólidos (los posos) que se han formado naturalmente en el fondo de la botella con el paso de los años. Se hace con mucho cuidado y lentitud.
- Airear o Jarrear: Consiste en oxigenar el vino a propósito. Se hace vertiendo el vino con cierta energía en el decantador para que el líquido ‘respire’, se abra y libere los aromas que estaban bloqueados (lo que llamamos un vino ‘cerrado’ o ‘reducido’).
¿Qué vinos necesitan decantarse (para quitar posos)?
La decantación por sedimentos está reservada casi exclusivamente para los Grandes Reservas y vinos de larga guarda (botellas con 10, 15 o 20 años de antigüedad). Con el tiempo, los taninos y los pigmentos del vino se unen y caen al fondo. Estos posos no son malos para la salud, pero son muy amargos y tienen una textura terrosa desagradable en la boca.
Si abres un Ribera del Duero de una añada antigua espectacular, déjalo de pie durante 24 horas antes de abrirlo para que los posos bajen al fondo. Luego, viértelo muy lentamente en el decantador con la ayuda de una luz (una vela o la linterna del móvil) bajo el cuello de la botella. Cuando veas que el poso oscuro llega al cuello, detente. Lo que queda en la botella se desecha.
¿Qué vinos necesitan airearse (oxigenación)?
Aquí es donde el decantador se vuelve más útil en el día a día. El oxígeno es el botón de ‘encendido’ de los aromas del vino.
- Tintos jóvenes muy potentes y tánicos: Vinos con mucha madera, muy astringentes, que al abrir la botella huelen poco o son muy duros en boca. Media hora en el decantador suavizará esos taninos y hará que la fruta salga a relucir.
- Vinos con aromas ‘reducidos’: A veces, al abrir un vino huele un poco a cerrado, a fósforo o a humedad. Es falta de oxígeno. Un buen jarreo en el decantador disipará esos olores en 15 minutos, dejando el vino limpio y fragante.
Vinos que NUNCA debes decantar
El oxígeno es vida, pero en exceso oxida y ‘mata’ el vino. Evita decantar:
- Vinos tintos excesivamente viejos y frágiles: Si tienes una botella de 40 años, su estructura es tan delicada que un choque brusco de oxígeno puede oxidarla y hacer que pierda todos sus aromas en cuestión de minutos. Sírvelo directamente en la copa con mucho mimo.
- Blancos jóvenes y rosados ligeros: Su encanto reside en la frescura y los aromas sutiles y volátiles. Si los decantas, esos aromas florales se esfumarán.
El equipo adecuado
No necesitas un museo de cristal en casa. Un decantador de base ancha (para maximizar la superficie del vino en contacto con el aire) es perfecto para airear tintos potentes. Para vinos viejos, un decantador más estrecho (tipo ánfora) es mejor, ya que separa los posos pero limita la cantidad de oxígeno que entra.
En resumen: ante la duda, descorcha la botella, sírvete un pequeño trago y pruébalo. Si está expresivo y rico, no toques el decantador. Si lo notas duro, áspero o cerrado, dale un respiro de 30 minutos en el cristal. ¡Tu paladar te lo agradecerá!


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